El Poder económico y político que logra concentrar desde finales del siglo XVIII el grupo de comerciantes-hacendados establecidos en Zapotlán el Grande fue muy notable. El auge reciente permitió acariciar la idea de que a esta ciudad y no a Sayula le correspondía ejercer la función de cabecera regional.
Sayula que debía su prosperidad al comercio perdió su fuerza al estallar la guerra de Independencia: los efectos de esta insurrección interrumpieron el tránsito de las mercancías y muchos ricachones al ver las pocas posibilidades de que esta ciudad volviera a recobrar su papel de centro comercial, prefirieron emigrar a Guadalajara o a Zapotlán en busca de mayor seguridad y de mejores condiciones para invertir. Los zapotlenses corrieron con mejor suerte, pues se vigorizaron con la llegada de sus vecinos y al establecer nexos comerciales con los mercaderes del Puerto de San Blas: esto los hizo aparecer ante el desequilibrio regional, como el grupo más poderoso del ámbito sureño. A medida que fue avanzando la guerra fueron desplazando a los de Sayula como distribuidores de productos extranjeros.
Del agio, la especulación y el contrabando, los comerciantes hacendados zapotlenses acumularon suficiente capital, el cual fue invertido en diferentes tipos de artesanías. Con el tiempo esta minoría dominante fue dando a la región una configuración de acuerdo a sus intereses y no tardó mucho tiempo en darse cuenta de que para llevar adelante sus negocios era necesario de que su ciudad tuviera mayor jerarquía política para no depender de Sayula, ni en lo político ni en lo administrativo. Con el propósito de romper con esta sujeción y tener mayor libertad de acción, en 1824 el Ayuntamiento realizó un primer intento tendiente a segregar al Departamento de Zapotlán del Estado de Jalisco e incorporarlo al Territorio de Colima. A partir de entonces el gobierno jalisciense estuvo muy pendiente de todo lo que ocurría en esa zona donde estaba enclavad la ciudad más importante de la Entidad, después de Guadalajara.
Después de ver frustrado su intento separatista, inició una prolongada e insistente gestión ante la Legislatura para conseguir que el territorio de Zapotlán el Grande fuera elevado a la categoría de Cantón, porque ¿Cómo era posible seguir dependiendo política y administrativamente de Sayula si estaba en franca decadencia? En marzo de 1849 los grandes comerciantes entusiasmados por el nuevo impulso que recibió la economía regional con la apertura del puerto de Manzanillo al comercio exterior, dirigieron al Congreso Local una solicitud en este sentido. Esta petición fue apoyada por los ayuntamientos de Tuxpan, Tecalitlán, Pihuamo, Tamazula, Tonila, Zapotiltic y Jilotlán de los Dolores.
Elevar un Departamento al rango de Cantón significaba otorgar mayor fuerza política y en esos casos el gobierno siempre se mantuvo muy riguroso al examinar la procedencia de dichas peticiones. En el caso de Zapotlán, lo que influyó para no conceder tal prerrogativa fue el intento separatista de 1824 y la idea latente de sus habitantes de convertir a la región en un territorio federal tal y como lo habían hecho los de Colima.
Fue hasta 1856, al triunfo del Plan de Ayutla cuando el gobernador Santos Degollado satisfizo los anhelos de los zapotlenses. El 7 de marzo de este año el Congreso del Estado a través de un decreto creó el 9° Cantón con Zapotlán el Grande como cabecera. Quedó formado con el área que conformaba el Departamento de este mismo nombre y el de Tuxcacuesco con sus respectivas municipalidades. El deseado ascenso político estuvo acompañado de un cambio muy importante. Degollado dispuso que en lo sucesivo la nueva capital cantonal se denominara Ciudad Guzmán para perpetuar la memoria de Gordiano Guzmán, una de las primeras víctimas que cayeron en defensa del Plan de Ayutla.
Una vez adquirida la categoría que tanto habían ambicionado los guzmanenses buscaron la forma de ampliar su territorio a costillas del Cantón de Autlán. El 24 de octubre de 1857 pidieron al Congreso la incorporación del Puerto de la Navidad, Cusalapa, Cuatitlán, Chacala y Cihuatlán. A los legisladores le pareció disparatada la idea y ni siquiera se tomaron la molestia de discutirlo. Sin embargo, el hecho de haberlo formulado significa la expansión y consolidación del grupo, así como la preocupación por disponer de un puerto que permitiera la salida de sus productos hacia otros países.
De la aplicación de las Leyes de Reforma los capitalistas guzmanenses obtuvieron jugosas ganancias pues fueron los únicos que pudieron comprar los bienes de la Iglesia y los de las comunidades indígenas. El capital acumulado a través de las transacciones comerciales les permitió durante el Porfiriato (1876-1910) desarrollar importantes industrias de jabón, cerillos y artículos de piel. Durante la Revolución sus negocios no sufrieron mayores sobresaltos, salvo el enfrentamiento sostenido entre villistas y carrancistas en la cuesta de Sayula, la vida en el Sur transcurrió con normalidad.
En los últimos días de 1924 y principios de 25 se gestó en Colima un movimiento que pretendía incorporar a este Estado los municipios jaliscienses de Ciudad Guzmán, Pihuamo, Tonila, Mazamitla, Tuxcacuesco, Zapotiltic, Tamazula y Jilotlán de los Dolores.
Parece ser que se trataba de una maniobra de los Callistas para menguar la fuerza del gobernador José Guadalupe Zuno. Como quiera que haya sido el resurgimiento de esta vieja idea indica que las aspiraciones del grupo de poder de esta región seguían tan vivas como en el siglo pasado, solo que en esta ocasión lo que en realidad se pretendía era enfrentar a los sureños con los zunistas para que se destruyeran entre sí.
El 2 de enero de 1925 EL INFORMADOR publicó una nota en su primera plana en donde notificaba que los guzmanenses estaban de acuerdo con la anexión proyectada, pero siempre y cuando su ciudad fuera la capital de la entidad. Fue esta condición y no los movimientos hechos por el gobernador Zuno para impedirlo lo que deshizo el proyecto.
Este artículo apareció en el diario EL INFORMADOR, el domingo 18 de de octubre de 1981.
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