Considero que el compromiso le atañe a todas y cada una de las partes que integran el sistema educativo. El problema es que todos, tanto alumnos, maestros e inclusive el mismísimo magisterio, evadimos responsabilidades y no estamos dispuestos a asumirlas por completo.
La tolerancia si es causa de la mediocridad, pero no sólo la tolerancia que un profesor le brinda a su alumno, sino la tolerancia que el mismo alumno le tiene al profesor y la tolerancia que como sociedad le tenemos a los sistemas e instituciones educativas.
Los estudiantes toleran que el profesor carezca de conocimientos y de habilidades para impartir la materia. De hecho, muchos de ellos lo consideran un alivio ya que es un sinónimo de comodidad y poco esfuerzo, mas no sin antes cerciorarse de que acreditarán la materia con una buena nota aunque su conocimiento sobre la misma sea nulo al final del curso.
Nos desenvolvemos en un mundo de apariencias en el que sobreponemos las calificaciones ante el aprendizaje; un punto menos a nuestro favor.
Un dato curioso es que de momento los mismos estudiantes se tiran la soga al cuello ellos mismos.
Por ejemplo, en universidades que se maneja el sistema de créditos (bajo el cual el estudiante elige a sus maestros por su libre albedrio y criterio) optan por profesores con los que tienen garantizada una buena calificación sin base de esfuerzo ni dedicación. Este tipo de estudiantes solo consideran el ahora, siendo que en algún momento del mañana tendrán que desempañar habilidades en el medio laboral que tal vez pudieron haber aprendido tan solo con elegir a un mejor maestro.
Por otro lado, hay maestros que toleran al alumno; que brindan la oportunidad de prorrogar la entrega de trabajos, tareas y acceden a que los alumnos lleguen después del comienzo de la clase. Todo ello solo perjudica a sus pupilos ya que forja en ellos una actitud de irresponsabilidad e indiferencia ante sus deberes.
No hay porque ser inflexibles pero tampoco benevolentes.
El problema recae de raíz en el tercer apartado, la tolerancia que la sociedad le tiene a las instituciones educativas. En ciertos casos, contratan a su personal docente sin tomar en cuenta la capacidad de éstos y toman como asunto prioritario el cubrir las plazas disponibles dejando atrás si su desempeño será competente o no.
Este problema día con día perjudica nuestro sistema educativo, afectándolo a tal grado que cada vez recae más el porcentaje de alumnos que culminan sus estudios.
Si somos los hombres y mujeres del mañana hay que poner las manos a la obra, provocando una diferencia en lo que esté a nuestro alcance.
Somos una pieza estratégica de este problema y solo basta con reflexionar que ese mañana del que tanto nos hablan será NUESTRO futuro, nuestro mundo, nuestro entorno y por ende nuestra responsabilidad; hay que dejar de lado la indiferencia porque en algún punto de nuestras vidas nos va a importar, vaya que nos va a importar.
Por: Oswaldo Trinidad Osunaoswato@hotmail.com
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