La visita del presidente Felipe Calderón a los Estados Unidos ha sido significativa por poner en evidencia la incongruencia del gobierno del vecino país. En una inusual recepción por parte del Congreso, llena de aplausos y buenos comentarios, no han cambiado para nada su política en materia de narcotráfico y tráfico de armas.
Solo han pasado unos días de la visita del presidente mexicano para negar oficialmente por parte de la Casa Blanca la petición de un alto al flujo de armas hacia México, petición que había sido rotundamente aplaudida por los mismos legisladores en el congreso estadounidense. Esto ratifica lo que se ha dicho con frecuencia: Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.
Se dice muchas veces que el narco tiene armamento muy moderno, incluso hasta mejor que el del gobierno, ¿De dónde provienen estas armas? Adivinó estimado lector, de Estados Unidos. ¿Cómo se quiere detener el flujo de drogas al vecino país si arman a estos grupos delictivos? Evidentemente se trata de una política hipócrita, en la que en el discurso se critica a México como culpable del flujo de drogas y por la otra se le vende el armamento a los grupos que la producen. ¿De verdad se querrá hacer un esfuerzo por reducir la demanda en el vecino país?
Tanto la producción de armas como las drogas son negocios de muchos miles de millones de dólares de compañías privadas y que por muchos años han sido protegidas. Si en México se ha fortalecido el narco, al grado de desafiar al gobierno federal, ahora sí, en todo el territorio nacional, lo que se ha agudizado más en esta administración del presidente Calderón, y que a diario constituye la noticia recurrente, es a causa de que se tienen los respaldos mencionados, por una parte del mercado para la compra de sus productos, por otra parte la compra de armas y por último el manejo del dinero que debe estar en los bancos y que el controvertido “secreto bancario” protege la información útil en beneficio de los grupos cuestionados.