El común denominador de estas Fiestas por el bicentenario del inicio de la Independencia de México, ha sido el exagerado gasto destinado a estos festejos que se ha visto en los niveles federal, estatal y municipal.
El argumento recurrente es que no a diario se festejan cien y doscientos años de Revolución y de Independencia y por tanto el pueblo de México merece unas fiestas inolvidables y eso cuesta. Además se apartó un recurso para que a nivel nacional todos los municipios cuenten con recursos para este festejo, lo cual hasta en Sayula vimos que se gastó en una buena cuantía los recursos mencionados.
En diversos ámbitos se ha criticado este gasto cuantioso autorizado por el Gobierno, y en lo que se ha privilegiado más a la forma que al fondo de la importancia de estos acontecimientos en torno a la Independencia. Sin embargo, también es cierto que es inevitable la crítica haga lo que haga el gobierno. Algunos sugieren que hay otras formas de motivar la conciencia del mexicano para sentir el orgullo por la Nación, y lo que también es cierto es que el pueblo, no es arrastrado por posturas muy reflexivas y si en cambio pensando socialmente de manera sencilla participa a su modo de todos estos eventos que nos dan identidad como mexicanos al grado de que de buena gana se realizan estos festejos allende las fronteras por los mexicanos radicados fuera de nuestro país.
Aunque no dejan de tener razón los críticos del quehacer del gobierno en sus diferentes niveles acaso las posturas de forjar la conciencia en un sentido más constructivo sea mejor recibida y asimilada para otras ocasiones y en otro ámbito. Estos eventos masivos son más propios para el disfrute menos ambicioso por parte del pueblo que dado su nivel de cultura y educación no es muy exigente y los comentarios son de conformidad y aprobación de los festejos realizados. Nuestra realidad es así y nuestro reto es modestamente tratar de ir mejorando para tener un México más próspero.
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